La pasión del fútbol
¿De dónde nace esa pasión desenfrenada por el fútbol? ¿Cuál puede ser la explicación de que un hombre (o muchos) capaces de no llorar ante la tragedia de un niño abandonado, puedan llorar como niños chiquitos, buscar el refugio de otros brazos (masculinos como ellos) para desahogar su dolor porque su equipo de fútbol bajó de categoría? ¿Cómo un hombre (o muchos) logran ‘abandonar’ a un hijo de sus propias entrañas y no son capaces de desprenderse ‘jamás’ del equipo de sus preferencias? ¿Por qué los hombres pueden expresar emociones frente al fútbol y congelarse ante cualquier situación sensible frente a sus compañeras?
No es un asunto banal. Es un tema de vital importancia porque es una radiografía del comportamiento masculino, difícil de asimilar. El juego de una pelota que entra en una portería, los hermana hasta el punto de que pueden besarse, abrazarse, acariciarse, sin ninguna clase de temor de ‘ser mal vistos’. Es allí y sólo allí, donde las emociones de los hombres son desbordadas. Es allí y sólo allí donde están totalmente desinhibidos. Como si los equipos de fútbol fueran el único espacio donde se pueden conectar con sus emociones más primarias (e instintivas).Son ‘otros’ con comportamientos desconocidos para los diferentes mundos donde se mueven. Gritan, se contonean, hacen ‘el oso’, se disfrazan con camisas, gorros y pantalones extrañamos. Nada importa. En el mundo del fútbol toda está permitido. No hay plata ‘para nada’ pero para el partido de fútbol siempre alcanza. El fútbol es una pasión que los desdobla. Para el fútbol no hay obstáculos y todo pasa a segundo plano cuando hay un juego. Hasta hace poco el fútbol era un espacio netamente masculino donde no había cabida para las mujeres. Pero no porque se prohibiera sino sencillamente a la mujer no le interesaba.
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